Durante
las vacaciones, muchos de mis compañeros tal vez se pusieron a avanzar algunos
trabajos, quizás uno más que otro, pero algo que tenemos todos en común era el
hecho de poder realizar nuestro proyecto CAS. Personalmente mi proyecto CAS
consiste en visitar la casa de reposo San Judas Tadeo en compañía de dos
compañeros, pues la creatividad por un lado se evidencia en usar nuestra
imaginación para crear actividades como bingo, cuenta cuentos, entre otras, con
el único fin de hacer que los ancianos tengan una persona en quien confiar.
Asimismo la acción y el servicio, se ven
evidenciados en realizar actividades que implican compromiso y esfuerzo; y
atender a los ancianos que probablemente necesitan a alguien con quien
conversar y pasar tiempo, ayudándolos en lo que necesitan, respectivamente.
En
primer lugar, la planificación de mi proyecto no fue tan sencilla que digamos,
pues para la primera actividad que teníamos planeado, era el de hacer el
desayuno por nuestra propia cuenta. Para eso antes de empezar nuestro proyecto,
tuvimos que ir a la casa de reposo y hablar con una de las encargadas, ya que
al preparar el desayuno, implica también tener que saber qué cosa es lo que
deben comer o no deben comer las personas de avanzada edad.
A
partir de lo mencionado anteriormente, afirmó que cumplí con dos objetivos CAS,
pues mostré perseverancia y compromiso
personal en mis actividades; y propuse y planifiqué las actividades con tiempo.
A través de estas dos experiencias vividas, sentí que cuando tres personas
trabajan juntas, sale un mejor trabajo, ya que normalmente en mi vida cotidiana
no estaba acostumbrado a trabajar en comunidad, pero poco a poco me doy cuenta
que en vez de tener solamente una idea, puedo tener más y así ver las
debilidades y fortalezas de cada una, lo que me llevaría a llegar a mi objetivo
más rápido.
En
cuanto a la primera actividad mencionada ya anteriormente, yo junto con mis
compañeros nos levantamos a eso de las 5 y media de la mañana, pues mientras
nos alistábamos y todo lo demás, nos demoraría para encontrarnos a las 6 y
media en un punto neutro cerca de la casa de reposo. Al llegar a la casa de
reposo, sentí una sensación de alegría en algunos ancianos, porque veían gente
nueva que ingresaban por la puerta, ya que normalmente solamente las enfermeras
son los que pasan tiempo con ellos.
Por
primera vez en mi vida, cociné con gusto, y eso que ni si quiera estaba
cocinando algo para comérmelo yo, sino que me esmeraba tanto en cada detalle
del desayuno con tal de que los ancianos disfruten de una buena merienda, pues
lo único que suelen tomar desayuno son dos panes con mantequilla junto a un
jugo de fruta y leche. En aquella oportunidad les preparé unos huevos
revueltos, quizás algo que comen no tan seguidamente.
Durante
los primeros cuatro día de actividad me divertí mucho con ellos, sentí que
haber tomado como proyecto la casa de reposo había sido una buena decisión.
Personalmente al pasar tiempo con algunos de ellos, platicaba acerca de las
experiencias buenas y malas que te da la vida. En varios casos, dos ancianos me dieron consejos, pues yo al platicar con ellos les decía algunos errores que
cometí. Sin embargo hay algo que hasta ahorita recuerdo, pues uno de ellos me dijo:
“No dejes que nada te tumbe, y si te caes, no dudes en pararte de inmediato”.
En aquella oportunidad, me pude acordar los tiempos que pasaba junto a mi
abuelo, pues él solía aconsejarme para que no cometiera los errores que cometió
en el pasado.
En
sí, estos primeros cuatro días de trabajo, sentí que cumplí con el objetivo de
adquirir una mayor conciencia de mis propias cualidades y áreas de conocimiento,
pues normalmente suelo hacer las cosas con esmero cuando se trata solamente de
mí, pero en este caso decidí compartirlas. Asimismo emprendí un nuevo desafío y
desarrolle nuevas habilidades, como el hecho de escuchar a tus mayores, quienes
en realidad te dicen qué cosas están mal o no.


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