El sábado 12 de setiembre, me enrumbé
en una nueva experiencia junto con mi salón al Colegio Llanavilla. En esta
oportunidad sería la última visita que tendría con mis compañeros, por lo que
tratamos de hacer de esta sesión una sesión muy dinámica. Personalmente,
considero que al ser mi última visita, tendría que ver si durante estos dos
años de enseñanza he dejado un legado en Llanavilla.
Previamente a la salida del
sábado, planifiqué mi sesión con un compañero, con el que me quedé en dos
salidas para planificar el hecho de cómo abordaríamos la clase. En relación a
esto, considero que ambos mostramos sumo interés en el proyecto, y que además
nos sentíamos emocionados y tristes a la vez por lo que sería nuestro último
encuentro con los niños. Cabe recordar que ambos, mi compañero y yo, trabajamos
con ellos los dos años completos.
Por otro lado, sintetizando lo
mencionado recientemente, demuestro que cumplí con la experiencia de Ciudad de
Dios de planificar actividades, pues le dediqué tiempo a la sesión,
sacrificando algunas actividades extra reculares como el practicar deporte o
avanzar con algunas tareas, algo que demuestra a su vez mi compromiso con el
equipo. Asimismo, también dejo en claro que viví la experiencia de mostrar
compromiso y esforzarme, pues prioricé en muchos casos el proyecto de Ciudad de
Dios, dejando de la lado mis obligaciones académicas.
¿De qué manera se puede
evidenciar el legado dejado en Llanavilla?
En primer lugar, siento que más
allá de haberles dejado un conocimiento general acerca del curso inglés, les dejé
un aprendizaje en relación a la vida cotidiana, pues les enseñé que siempre
deben de seguir sus sueños, y que la rendición no era parte de ellos. Asimismo,
considero que el legado que dejé consiste en que ellos tengan la intención de
predicar y poner en práctica los conocimientos adquiridos, pues como yo algún
día les dije a mis alumnos “Enseñar es compartir con los demás”.
Por otra parte, no resalto mucho
el legado material, puesto que considero que formarlos como persona es un
factor más importante. Del mismo modo, otro legado preciado que dejé como
ciudadano de la Ciudad de Dios, fue el hecho de enseñarle a que cuiden el medio
ambiente en el que viven, pues en un inicio veía que ellos no se preocupaban
por el mal estado de su colegio, pero en el transcurso de las distintas
actividades que realizamos, ellos tomaron consciencia sobre aquel tema. Esto lo
puedo evidenciar en la limpieza que hizo mi salón este sábado, que si bien no
participé directamente en ella, en el momento en el que iban a limpiar el salón
donde yo me encontraba, los niños y yo ayudamos a limpiar los lugares sucios y
a recoger la basura. Incluso, un niño llamado Maicol me dijo que le contó a su
padre que se debe mantener limpio el ambiente. En síntesis, a partir de todo
esto puedo resaltar que viví la experiencia de sentir con la Iglesia y el
mundo, pues dejé un legado en relación a un tema global como lo es la
contaminación.
Educar es una tarea de amor
Esta afirmación de conocimiento
es la que más trascendió en mí, pues este sábado pasado el pequeño Aarom, uno
de mis alumnos, se me acercó y me agradeció por el hecho de venir y enseñarle
cosas nuevas. Aquel instante no sabía que responder, pero me sentía mucho más
agradecido con él que él conmigo, puesto que siento que aprendí experiencias
únicas e inolvidables como el hecho de fortalecer mis cualidades y superar mis
debilidades. Entonces ¿En qué medida un acto puede trascender mucho en una
persona? Como bien lo expliqué anteriormente, cada acción que yo hacía era como
poner un ladrillo para construir la Ciudad de Dios, por ende la trascendencia
era parte de mis clases, puesto que yo como profesor me interesaba en formar al
alumno como una persona lleno de valores más que con conocimientos de inglés.
Por otra parte, quisiera
mencionar mi experiencia como trabajo en comunidad, puesto que como bien lo
dije en un inicio de mis experiencias “cuando dos personas trabajan juntos, el
producto es mejor que un trabajo individual”, ya que a pesar de que el trabajo
salga bueno o malo, aprendes muchas cosas como escuchar las opiniones de los
demás y saber llegar a una conclusión. Personalmente, considero que el trabajo
hecho en Llanavilla estuvo basado en el trabajo en comunidad, pues
esencialmente no lo hubiera logrado sin mi compañero Sergio, quien realmente me
apoyó en muchas ocasiones. Del mismo modo, aquel trabajo en comunidad se adoptó
en los niños, que por las últimas clases preferían hacer los trabajos de clase
en grupos, puesto que se divertían mejor y aprendían mucho más juntos.

