martes, 15 de septiembre de 2015

Llanavilla... Dulce Adiós

El sábado 12 de setiembre, me enrumbé en una nueva experiencia junto con mi salón al Colegio Llanavilla. En esta oportunidad sería la última visita que tendría con mis compañeros, por lo que tratamos de hacer de esta sesión una sesión muy dinámica. Personalmente, considero que al ser mi última visita, tendría que ver si durante estos dos años de enseñanza he dejado un legado en Llanavilla.

Previamente a la salida del sábado, planifiqué mi sesión con un compañero, con el que me quedé en dos salidas para planificar el hecho de cómo abordaríamos la clase. En relación a esto, considero que ambos mostramos sumo interés en el proyecto, y que además nos sentíamos emocionados y tristes a la vez por lo que sería nuestro último encuentro con los niños. Cabe recordar que ambos, mi compañero y yo, trabajamos con ellos los dos años completos.

Por otro lado, sintetizando lo mencionado recientemente, demuestro que cumplí con la experiencia de Ciudad de Dios de planificar actividades, pues le dediqué tiempo a la sesión, sacrificando algunas actividades extra reculares como el practicar deporte o avanzar con algunas tareas, algo que demuestra a su vez mi compromiso con el equipo. Asimismo, también dejo en claro que viví la experiencia de mostrar compromiso y esforzarme, pues prioricé en muchos casos el proyecto de Ciudad de Dios, dejando de la lado mis obligaciones académicas.

¿De qué manera se puede evidenciar el legado dejado en Llanavilla?
En primer lugar, siento que más allá de haberles dejado un conocimiento general acerca del curso inglés, les dejé un aprendizaje en relación a la vida cotidiana, pues les enseñé que siempre deben de seguir sus sueños, y que la rendición no era parte de ellos. Asimismo, considero que el legado que dejé consiste en que ellos tengan la intención de predicar y poner en práctica los conocimientos adquiridos, pues como yo algún día les dije a mis alumnos “Enseñar es compartir con los demás”.

Por otra parte, no resalto mucho el legado material, puesto que considero que formarlos como persona es un factor más importante. Del mismo modo, otro legado preciado que dejé como ciudadano de la Ciudad de Dios, fue el hecho de enseñarle a que cuiden el medio ambiente en el que viven, pues en un inicio veía que ellos no se preocupaban por el mal estado de su colegio, pero en el transcurso de las distintas actividades que realizamos, ellos tomaron consciencia sobre aquel tema. Esto lo puedo evidenciar en la limpieza que hizo mi salón este sábado, que si bien no participé directamente en ella, en el momento en el que iban a limpiar el salón donde yo me encontraba, los niños y yo ayudamos a limpiar los lugares sucios y a recoger la basura. Incluso, un niño llamado Maicol me dijo que le contó a su padre que se debe mantener limpio el ambiente. En síntesis, a partir de todo esto puedo resaltar que viví la experiencia de sentir con la Iglesia y el mundo, pues dejé un legado en relación a un tema global como lo es la contaminación.
Educar es una tarea de amor
Esta afirmación de conocimiento es la que más trascendió en mí, pues este sábado pasado el pequeño Aarom, uno de mis alumnos, se me acercó y me agradeció por el hecho de venir y enseñarle cosas nuevas. Aquel instante no sabía que responder, pero me sentía mucho más agradecido con él que él conmigo, puesto que siento que aprendí experiencias únicas e inolvidables como el hecho de fortalecer mis cualidades y superar mis debilidades. Entonces ¿En qué medida un acto puede trascender mucho en una persona? Como bien lo expliqué anteriormente, cada acción que yo hacía era como poner un ladrillo para construir la Ciudad de Dios, por ende la trascendencia era parte de mis clases, puesto que yo como profesor me interesaba en formar al alumno como una persona lleno de valores más que con conocimientos de inglés.


Por otra parte, quisiera mencionar mi experiencia como trabajo en comunidad, puesto que como bien lo dije en un inicio de mis experiencias “cuando dos personas trabajan juntos, el producto es mejor que un trabajo individual”, ya que a pesar de que el trabajo salga bueno o malo, aprendes muchas cosas como escuchar las opiniones de los demás y saber llegar a una conclusión. Personalmente, considero que el trabajo hecho en Llanavilla estuvo basado en el trabajo en comunidad, pues esencialmente no lo hubiera logrado sin mi compañero Sergio, quien realmente me apoyó en muchas ocasiones. Del mismo modo, aquel trabajo en comunidad se adoptó en los niños, que por las últimas clases preferían hacer los trabajos de clase en grupos, puesto que se divertían mejor y aprendían mucho más juntos.