El
sábado 18 de abril se dio a cabo mi segunda actividad como salón en lo que va
del año 2015. Para esta oportunidad, la actividad de Ciudad de Dios consistió
en retornar a hacer lo que hacía el año pasado, enseñar inglés a los más
pequeños. En esta ocasión, mi mini comunidad no era la misma, sino que habíamos
rotado. Sin embargo a mí me tocó el mismo grupo de estudiantes del año pasado,
pero claro está que con distintos compañeros de trabajo.
Antes
de empezar contándoles mi experiencia, quisiera mencionar la planificación que
tuve junto con mi salón para este día. Como bien dije en el párrafo anterior,
mi salón optó por dividirse en mini comunidades, para que cada una enseñe a un
grado respectivo. Para buena suerte mía, me tocó primer grado. Digo buena suerte,
pues les enseñaría a mis alumnos del año pasado que se encontraban en inicial,
y se me iba a hacer un poco más fácil, ya que conozco en su mayoría a todos y
sé que actitudes tienen hacia la clase.
Continuando
con la planificación, yo junto con mi grupo armamos un sílabo anual de todos
los temas que tocaríamos con los niños.
Asimismo también nos enfocamos en la primera clase, en donde quedamos
qué cosa iba a traer cada uno, qué temas íbamos a tocar, y lo más importante
cómo lo íbamos a desarrollar. A partir de esto, puedo evidenciar haber vivido
una experiencia de ciudad de Dios, la de organizar actividades, algo que he
venido trabajando desde hace mucho y que me ha ayudado a crecer no solamente.
Por
otro lado, ya siendo el día sábado 18 de abril, las expectativas en mí persona eran
un poco de temor y de alegría a la vez, pues por un lado temor ya que después
de un largo tiempo iba a realizar una clase, y saber si ellos se acordaban de
mí o no; mientras que alegría porque sé cómo se siente estar con los niños,
brindándoles nuevos conocimientos para que ellos puedan aprender algo de mí, y
quizá yo un poco de ellos.
Al
momento que llegué a Llanavilla, pude ser testigo del recibimiento que me
dieron los niños. Este hecho me emocionó demasiado, pues al ver aquellos
pequeños rostros que me decían “Bienvenidos”
hacía que me acordase de todos los momentos que pasé con mis alumnos el año
anterior, donde pude aprender mucho de sus problemas y darme cuenta que los
míos no son nada a comparación que los suyos, y que rendirse es engañarse así
mismo. Con respecto a lo mencionado, puedo decir que el pilar de trascendencia
es parte de mi clase, pues más allá de dejarle un conocimiento de las palabras
en inglés, creo yo que lo que más recordarán será el hecho de tener un amigo en
quien confiar.
En
cuanto a las experiencias de Ciudad de Dios vividas durante mi sesión, la
primera fue la de conocerme, aceptarme y
superarme, pues al empezar la sesión hubo un gran percance que nos pudo
dificultar si es que no actuábamos inmediatamente. El hecho fue que una de mis
compañeros llegó tarde y tuvimos que reordenar todo. Sin embargo el As bajo la manga que teníamos
funcionó, algo que me llevo a concluir que soy una persona que no se desespera
ante la presencia de un problema, sino que busca una solución para que nada
pueda impedir que llegue a mis objetivos.
Asimismo,
tuve que liderar con inspiración, pues en muchas ocasiones los únicos que
dábamos las clases era mi compañero Sergio Ordinola y yo, pues mi compañera
Daira es la coordinadora en general, y es por eso que algunos momentos tomo la
batuta y comienzo a llevar la clase según el cronograma que tenemos, pero añadiendo
un valor agregado.
Por
último, también busqué la verdad y actué con coherencia en muchas
ocasiones. Una de ellas fue al momento
de tomarles la prueba oral a los niños de Llanavilla, pues me mostré fuerte y
sin deseos de querer ayudarlos un poco si es que salían mal en aquella
evaluación. En otras palabras, consideré las acciones éticas de mis acciones.
En
síntesis, esta visita a Llanavilla nos sirvió mucho para ver en lo que nos
falta y en lo que estamos bien y debemos perfeccionar. Como bien sabemos es la
primera clase, y como son grupos nuevos, el proceso de trabajo en comunidad se
formará de poco a poco. No vale rendirse, pues rendirse es engañarse a sí
mismo.