Este
sábado 13 de setiembre, fui una vez más a Llanavilla, lugar donde encuentro
tranquilidad, alegría, y esperanza, tanto para mí y los niños. En esta
oportunidad, pude vivir un montón de experiencias, desde antes que vaya al
colegio de los niños hasta cuando me subí al bus para regresar a casa, y es que
en la mañana mi comunidad de 4to E junto a las demás personas de mi promoción,
nos enteramos de algo muy trágico que le había pasado a una de nuestras
compañeras. Fue algo que nos afectó mucho en el sentido emocional, y eso lo pude
ver reflejado en mi compañero Edú, que aun con ese estado de ánimo, subió al
bus para trabajar con los niños doble horario, cosa que lo sigo valorando hasta
ahora.
Sin
embargo, como lo acabo de mencionar, al
momento que llegué a Llanavilla, pude encontrar un lugar en donde mis
problemas y preocupaciones no existían, creo yo que los niños tienen ese poder
para liberarme de todo eso que hace que yo sea una persona tensionada.
Lo
primero que hice como coordinador al llegar ahí, fue ordenar que distribuyan a
sus niños por grados, para así, poder empezar la clase. A partir de ese hecho,
pude comenzar a sentirme un buen líder, ya que busqué lo mejor para mi
comunidad, diciendo lo que estaba mal y cómo lo podían mejorar. Pero más aún,
ese día pude sentir ese liderazgo en mí, cuando una amiga me lo dijo. Ese momento fue trascendente en mi vida, haciendo relación con los pilares agustinos. Con esto
también viví una experiencia de ciudad de Dios, la de Liderar con inspiración.
Por
otro lado, me reencontré con Andrea, una niña de la que yo había hablado en mis
bitácoras pasadas. En el instante en que la vi, pude ver a mi hermana, ya que
tiene las mismas características de ella: una niña alegre, juguetona, y con una
carita de ángel. En verdad pude verla después de tanto tiempo, hasta puedo
mencionar que con ella es la que más he hablado este año.
Entre
tanto momentos que tenía como coordinador ese día, escojo uno, que es el de
cuando Andrea me dijo “¿Cuándo puedo ir a tu colegio?”. En ese instante se me
vinieron un montón de pensamientos, uno de ellos fue la de que sí ella se
divierte o no, recordándome que Andrea me confesó que la vez pasada le habían
dado el mejor regalo del mundo por su cumpleaños, una torta de chocolate. En relación
a este hecho pude vivir otra experiencia de ciudad de Dios, que es la de sentir
con la iglesia y el mundo, ya que hoy en día, yo pido mucho y a veces no lo
valoro, en cambio, esos niños a veces darían mucho por tener lo que nosotros
tenemos.
Ya
casi al finalizar nuestra sesión, algunos de los grupos pudimos cumplir el reto
de utilizar un nuevo pilar agustino en nuestras clases, me refiero a la de la
tecnología, ya que grabar las clases, o utilizar los iphones para hacer ruido
de animales, fue algo que no se había visto durante todo el año.
Por
último en el momento del feedback pude vivir la experiencia de conocerme,
aceptarme y superarme con la de comprometerme y esforzarme, ya que está bien
que sea líder, pero soy un ser humano al igual que todos mis compañeros, y es
algo normal que pueda cometer errores como lo hice en algún momento. Cerré esta
visita de Ciudad de Dios, pidiéndole por los niños y nuestra compañera que se
encuentra mal de salud.




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