miércoles, 7 de mayo de 2014

Tercera Jornada de CdD

Sábado 26 de abril. Después de almorzar con mis amigos, estábamos listo para partir a una nueva aventura más en el colegio Llanavilla. Estaba con ánimos de llegar y volver a ver los niños que conocí la primera vez que fui, ya que el sábado pasado no pude asistir a Ciudad de Dios por motivos familiares. Apenas llegué al colegio, en un abrir y cerrar de ojos, todos los nombres de los niños se me vinieron a mi memoria, eso significó que ellos habían trascendido en mí, ya que como mencioné en mi primera bitácora que a partir de esa clase mi  paciencia con los más pequeños había cambiado, ya que comencé a jugar más con mi hermana y no me daba cuenta que era muy divertido y que esos buenos momentos jamás se olvidan. En tan solo menos de 5 minutos de haber llegado al colegio Llanavilla, ya había utilizado uno de los pilares del colegio, que era la trascendencia.
Sin embargo, comenzaron los problemas infantiles, como por ejemplo la poca atención que los niños nos daban. No pensé en ni un momento que esta sesión de clases iba a salir mal, al contrario recordé mi compromiso con mi comunidad y mostré perseverancia. Eso no era todo, ya que pude darme cuenta que superé una debilidad mía que era el ser un poco pesimista al límite de ser realista. De manera que viví dos experiencias de ciudad de Dios que era conocerse, aceptarse y superarse; y la otra que era de comprometerme y esforzarme por mi comunidad.
A pesar de que los niños gritaban y que se nos hacía difícil controlarlos, pudimos liderar con inspiración, ya que en primer lugar captamos la atención de todos con una barita y unas maracas que trajimos para que nos escuchen. Pero me di cuenta que había un niño que no prestaba atención y que comenzaba a subirse a la mesa y reaccionar un poco violento conmigo. Le pregunté por qué se comportaba así, y él me respondió algo que me llegó al corazón, que era que sus padres en la mañana le habían pegado y que él quería jugar para que esté entretenido. Aquella respuesta me dio tanta impotencia, ya que me imagino que a ese niño llamado Jesús le habrán pegado por algo que quizás no era necesario recurrir al golpe, es más, a los niños no se les debe pegar, porque alteran sus nervios y los crías mal, ya que le enseñas a ser una persona violenta.
Puedo rescatar que en esta sesión utilicé otro pilar del colegio que es la tecnología por el uso de las varitas, algo que jamás volveremos a utilizar, porque generaba un poco de lío y llanto por parte de los niños al querer agarrar esos pequeños juguetes y querer llevárselos a sus casas. Si yo tuviera la plata suficiente, le regalaría un juguete a cada niño de Llanavilla ya que al ver caer sus lágrimas por algo que supuestamente fue nuestro error de llevar una varita o una maraca que atrae la atención y el deseo de los niños de querer tocarlo y jugar con eso, me sentía un mal profesor porque son niños que probablemente no la pasan bien en sus casas, y me gustaría verlos sonreír mucho y que se diviertan y que ese momento feliz se lo cuenten a sus padres, esto acerca de que probablemente no la pasan bien en sus casas lo puedo evidenciar cuando el niño llamado Alex, con quien tuve la oportunidad de pactar una promesa de jugar fútbol un día, me dijo lo siguiente: “Me puedes amarrar mi casaca a mi cintura, pero amárralo bien fuerte porque si se pierde, me van a pegar”. Me puse a pensar en mi pasado, lo que me hacían a mi cuando perdía algo que me habían comprado, lo mínimo era que me llamaban la atención, y es algo ilógico que los padres golpeen a sus hijos por algo como una prenda de vestir, entiendo seguro que para ellos comprar una casaca costará mucho, pero más cuesta el cómo están formado a sus hijos, ¿Llenos de violencia? Quizás si o quizás no, me gustaría saber la vida que tiene cada niño y la relación que tienen con sus padres.
Empezamos la clase con un repaso, mis compañeros y yo cumplimos con una de las experiencias de ciudad de Dios que era la de organizar actividades, ya que nos reuníamos en las salidas para poder
coordinar algunas cosas y poder decidir quién va a traer tal cosa. Los niños se mostraban un poco entusiastas después de haberles dicho que saldremos a la zona de recreo para hacer una actividad. Dicho y hecho salimos a la zona de recreo donde les preparamos una actividad que les iba a divertir que era la de los juegos con sillas. Pensé que no iban a entender en un inicio porque los niños no sabían en que momento pararse aun así de haberles explicado, pero poco a poco fueron captando la idea que al escuchar el color en inglés que les habíamos dado ellos se iban a cambiar de sitio para evitar perder.
Después, regresamos al salón donde compartimos una lonchera con los niños donde les invitamos un vaso de yogurt. Quedaron insatisfechos algunos, ya que pidieron más y es donde entramos en duda si darles o no darles, ya que quedaba poco y si le dábamos a uno, teníamos que darles a todos para así evitar algún tipo de problemas. Sin embargo, encontramos la solución y les dimos uva a los niños para que estén tranquilos. Con esto reflejo que usé otro pilar del colegio san Agustín y a la vez una experiencia en ciudad de Dios que es acerca del trabajo en comunidad, porque pensamos, analizamos la situación y encontramos una solución favorable para nosotros.

Casi al finalizar, me paso algo realmente que me dejó frío, un niño se orinó en clases, y no sabíamos que hacer. Decidí encargarme del niño, fui al baño y lo seque, pero su ropa estaba mojada y no sabía qué hacer, porque con el frío el niño se podía enfermar, así que no importó si mi chompa se ensuciaba y se la puse como una sábana para que se pueda abrigar. Me sentí en ese momento como su hermano mayor ya que no me importaba si me chompa estaba mojada y yo sintiera frío, sino que el niño no se enferme y llegue sano a su casa.

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