Sábado 26 de abril. Después de
almorzar con mis amigos, estábamos listo para partir a una nueva aventura más
en el colegio Llanavilla. Estaba con ánimos de llegar y volver a ver los niños
que conocí la primera vez que fui, ya que el sábado pasado no pude asistir a
Ciudad de Dios por motivos familiares. Apenas llegué al colegio, en un abrir y
cerrar de ojos, todos los nombres de los niños se me vinieron a mi memoria, eso
significó que ellos habían trascendido en mí, ya que como mencioné en mi
primera bitácora que a partir de esa clase mi paciencia con los más
pequeños había cambiado, ya que comencé a jugar más con mi hermana y no me daba
cuenta que era muy divertido y que esos buenos momentos jamás se olvidan. En
tan solo menos de 5 minutos de haber llegado al colegio Llanavilla, ya había
utilizado uno de los pilares del colegio, que era la trascendencia.
Sin embargo, comenzaron los
problemas infantiles, como por ejemplo la poca atención que los niños nos
daban. No pensé en ni un momento que esta sesión de clases iba a salir mal, al
contrario recordé mi compromiso con mi comunidad y mostré perseverancia. Eso no
era todo, ya que pude darme cuenta que superé una debilidad mía que era el ser
un poco pesimista al límite de ser realista. De manera que viví dos
experiencias de ciudad de Dios que era conocerse, aceptarse y superarse; y la
otra que era de comprometerme y esforzarme por mi comunidad.
A pesar de que los niños gritaban
y que se nos hacía difícil controlarlos, pudimos liderar con inspiración, ya
que en primer lugar captamos la atención de todos con una barita y unas maracas
que trajimos para que nos escuchen. Pero me di cuenta que había un niño que no
prestaba atención y que comenzaba a subirse a la mesa y reaccionar un poco
violento conmigo. Le pregunté por qué se comportaba así, y él me respondió algo
que me llegó al corazón, que era que sus padres en la mañana le habían pegado y
que él quería jugar para que esté entretenido. Aquella respuesta me dio tanta
impotencia, ya que me imagino que a ese niño llamado Jesús le habrán pegado por
algo que quizás no era necesario recurrir al golpe, es más, a los niños no se
les debe pegar, porque alteran sus nervios y los crías mal, ya que le enseñas a
ser una persona violenta.
Puedo rescatar que en esta sesión
utilicé otro pilar del colegio que es la tecnología por el uso de las varitas,
algo que jamás volveremos a utilizar, porque generaba un poco de lío y llanto
por parte de los niños al querer agarrar esos pequeños juguetes y querer llevárselos
a sus casas. Si yo tuviera la plata suficiente, le regalaría un juguete a cada
niño de Llanavilla ya que al ver caer sus lágrimas por algo que supuestamente
fue nuestro error de llevar una varita o una maraca que atrae la atención y el
deseo de los niños de querer tocarlo y jugar con eso, me sentía un mal profesor
porque son niños que probablemente no la pasan bien en sus casas, y me gustaría
verlos sonreír mucho y que se diviertan y que ese momento feliz se lo cuenten a
sus padres, esto acerca de que probablemente no la pasan bien en sus casas lo
puedo evidenciar cuando el niño llamado Alex, con quien tuve la oportunidad de
pactar una promesa de jugar fútbol un día, me dijo lo siguiente: “Me puedes
amarrar mi casaca a mi cintura, pero amárralo bien fuerte porque si se pierde,
me van a pegar”. Me puse a pensar en mi pasado, lo que me hacían a mi cuando
perdía algo que me habían comprado, lo mínimo era que me llamaban la atención,
y es algo ilógico que los padres golpeen a sus hijos por algo como una prenda
de vestir, entiendo seguro que para ellos comprar una casaca costará mucho,
pero más cuesta el cómo están formado a sus hijos, ¿Llenos de violencia? Quizás
si o quizás no, me gustaría saber la vida que tiene cada niño y la relación que
tienen con sus padres.
Empezamos la clase con un repaso,
mis compañeros y yo cumplimos con una de las experiencias de ciudad de Dios que
era la de organizar actividades, ya que nos reuníamos en las salidas para poder
coordinar algunas cosas y poder decidir quién va a traer tal cosa. Los niños se
mostraban un poco entusiastas después de haberles dicho que saldremos a la zona
de recreo para hacer una actividad. Dicho y hecho salimos a la zona de recreo
donde les preparamos una actividad que les iba a divertir que era la de los
juegos con sillas. Pensé que no iban a entender en un inicio porque los niños
no sabían en que momento pararse aun así de haberles explicado, pero poco a
poco fueron captando la idea que al escuchar el color en inglés que les habíamos
dado ellos se iban a cambiar de sitio para evitar perder.
Después, regresamos al salón
donde compartimos una lonchera con los niños donde les invitamos un vaso de
yogurt. Quedaron insatisfechos algunos, ya que pidieron más y es donde entramos
en duda si darles o no darles, ya que quedaba poco y si le dábamos a uno,
teníamos que darles a todos para así evitar algún tipo de problemas. Sin embargo,
encontramos la solución y les dimos uva a los niños para que estén tranquilos.
Con esto reflejo que usé otro pilar del colegio san Agustín y a la vez una
experiencia en ciudad de Dios que es acerca del trabajo en comunidad, porque
pensamos, analizamos la situación y encontramos una solución favorable para
nosotros.
Casi al finalizar, me paso algo
realmente que me dejó frío, un niño se orinó en clases, y no sabíamos que
hacer. Decidí encargarme del niño, fui al baño y lo seque, pero su ropa estaba
mojada y no sabía qué hacer, porque con el frío el niño se podía enfermar, así
que no importó si mi chompa se ensuciaba y se la puse como una sábana para que
se pueda abrigar. Me sentí en ese momento como su hermano mayor ya que no me
importaba si me chompa estaba mojada y yo sintiera frío, sino que el niño no se
enferme y llegue sano a su casa.
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